Ya no salgo a buscar nada.
Ni a la palabra que pudo mover
el mundo
ni al sueño que no se cumple
porque tiene valor
para ser sólo sueño.
No tengo nada que echarles en cara,
no tengo nada que proponerles.
Sé que serán ellos
los que portarán el barco
hasta su astillero,
que por ahora no se mueve,
y si se moviera, ¿qué haríamos
al llegar? ¿Divertirnos? ¿Como ahora?
Miro a la luna. Mis dedos me tocan
como si fueran los suyos.
Aún conservo parte de un secreto,
y eso es lo que hay.
Me alegro. Me resigno.
Toda isla está a un corazón de distancia.
Contributo de Maria J. B. para este Blog Jun./2011

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